viernes, 25 de junio de 2010

La buena y La fome

Historia de Chile a través de la Fotografía, fundación MAPFRE y El Ojo Pensante, de Jaun Downey.

En la primera exposición que se realiza en Museo de Bellas Artes podemos hacer un recorrido de la historia por medio de diferentes imágenes; la exposición se divide en las diferentes etapas que vivió chile desde los pueblos originarios hasta la actualidad.



En términos expositivos, la muestra es más una recopilación de diversas imágenes que hablan de Chile y su contexto; en estos términos podemos no solamente conocer la historia de un país, sino también ver la evolución en la función que ha llegado a tener la fotografía hoy. Pero ¿fue una buena utilización de recursos?

Toda la exposición parece más bien fotos sacadas de un libro de historia, de una enciclopedia y es muy poco lo que puede decir de la identidad de un país, podríamos tildarlo de fotografía de catálogo mala.

En lo que compone la primera parte, de Paisajes y Pueblos Originarios, notamos una fotografía paisajista y objetiva. No parece existir una diferencia sustancial entre un autor y otro y los retratos son lo más común.

Las imágenes nos invaden de un Chile en constante progreso, fotos de trabajadores, industrias, la espectacular minería, etc. Por otro lado nos da una pincelada acerca de eventos históricos que se vivieron en las diferentes etapas, todo en imágenes ordenadas cronológicamente, dando evidencia de terremotos, elecciones presidenciales, personajes importantes, vida social y cultural de Chile en todos sus tiempos.



Aunqye hay excepciones, como ésta fotografía, la mayoría de ellas al verlas no contienen ninguna de las emosiones detrás de los eventos, es solo foto y foto y foto y foto y además con o sin foto podríamos saberlo "Terremoto de tal y tal", no existe una buena utilización de los elementos en esta exposición, las tomas son simples aunque de todas formas en el fotógrafo existió una intención. Pero la manera de montarlas es fome y banal. Como se dijo antes, ni que fuera una enciclopedia.

Esta exposición es muy diferente a la que propone Juan Downey, en el edificio de Telefónica el artista nos sorprende con su diversidad de contenido en una sola obra empeñada en definirse como integración. No sólo es la integración de las artes (audiovisuales, visuales, arquitectónicas, otras) con el mundo y la sociedad, sino también una mirada antropológica de todo lo que ello implica.



Nada que ver con una redundante recopilación histórica de fotografías históricas, sino que Downey nos hace una muestra de la esencia del artista, con un mensaje, con algo que decir. Una mirada propia y diferente, tanto así que da la impresión de un ser inadaptado, disperso y muy creativo.

No obstante en ambas exposiciones se valora de manera importante la trascendencia de la imagen en la sociedad. Ya sea como un registro de la cultura, en diversas etapas de la historia de un país, o también como una herramienta publicitaria o de propaganda política. Es la imagen entonces un modo irrefutable que sirve para “hablar” de una sociedad.



Para Downey, por otro lado, la imagen es importante porque cumple la función comunicacional, lo trascendental aquí es justamente aquello, enseñar a las personas en dónde viven, a qué se enfrentan y cómo son los que viven a su alrededor.

La muestra que vemos en el museo se muestra pobre y desilucionante en comparación con la propuesta por Juan Downey que es dinámica, diferente y audaz.

Jim Marshall



El famoso fotógrafo estadounidense Jim Marshall sin duda quedará grabado como uno de los más grandes en la historia de la música. Sus registros en momentos fundamentales para la historia del rock han hecho de él uno de los profesionales más reconocidos, no sólo por sus fotos sino por la exclusividad que estas tienen.



Estuvo presente en momentos especialmente cruciales en la historia del rock como es el concierto de Woodstock, en el último concierto que realizaron los Beatles, donde fue el único fotógrafo que tuvo acceso a los camerinos y retrató a Johnny Cash en su estadía en la cárcel de San Quintín. Su cercanía y amistad con el mundo de la música lo llevó a sacar una de las fotos más memorables con grupos como desfilaron The Rolling Stones, Janis Joplin, The Who, Jim Morrison, Bob Dylan, Chuck Berry y muchas otras figuras del jazz como Aretha Franklin y Ray Charles.



Nacido en Chicago en 1936 y criado en Fillmore, San Francisco, su personalidad enérgica y creativa lo llevó a estar en el ojo del hucarán cuando la fiebre del rock estaba en apogeo. Su estrecha relación con los más famosos rockeros lo llevó a fotografiar a Jimmy Hendrix (quien en realidad se llamaba igual que el fotógrafo) quemando su guitarra en el festival de Monterrey, inmortalizando aquella escena. Fue el primero en fotografiar a The Who y cubrió la gira que los Rolling Stone realizaron en 1972 y que fue publicada en Life.

El comienzo de su carrera se remonta a las cafeterías de Noth Beach en San Francisco, donde fotografiaba a la escena cultural como artistas y poetas que se reunían ahí día a día. El inicio de su contacto cercano con el mundo de la música se produjo cuando, estando en el Jazz de San Francisco se ofreció para llevar a John Coltrane en auto a la Bahía de Berkeley, quien debía reunirse con un crítico de música. Marshall fotografió la reunión y se volvieron legendarias en cuanto la fama de Coltrane y su saxo fueron un hecho.



Este fotógrafo también diversificó su trabajo haciendo tapas de discos y siendo contratado por disqueras como Atlantic, Columbia, Paramount y ABC y trabajó para revistas como Newsweek y The Saturday Evening Post. En 2004 fue galardonado con el premio Lucie por excelencia en la fotografía de música y en 2005 recibió el Honours List Image Award de la revista Mojo, además de la publicación de una serie de libros como Not Fade Away (1997), Proof (2001), Jazz (2006) y Trust (2009). Con 74 años en el cuerpo , el 24 de marzo de 2010 falleció en un hotel del Nueva York , mientras promocionaba su último libro Match Prints, el cual había escrito con su amigo Timothy White.

¿Cómo venden las fotografías?

Revista Ya de El Mercurio y Revista Mujer de La Tercera.

En ambas revistas el contenido fotográfico es más o menos parecido, básicamente porque las revistas son dirigidas para un mismo público, las mujeres. De hecho en su mayoría, sino todas las fotografías, son de mujeres y para mujeres. Pero lo más importante no es a quién fotografían, sino de qué manera marcan la diferencia.



En las portadas siempre encontraremos primeros planos, de mujeres bellas, sonrientes, felices con lo que son y hacen. Nunca una foto depresiva, ni triste, jamás. La idea de publicitar la revista es mostrar un contenido visual que queramos mirar, y luego leer. Sentirnos agradados con lo que vemos. Sentir la felicidad que sentía esa persona en ese momento.

También en ambos trabajos podemos ver que las fotografías de los entrevistados nunca tienen imágenes de fondo demasiado llamativas, lo importante aquí es la persona, el protagonista, la mujer emprendedora, la actriz, la dueña de casa feliz, etc. En su mayoría se usan colores fríos, que mantengan la sobriedad en la foto, que no sobrecarguen de colores, sino que focalicen la mirada en las caras, en los ojos y lo más importante en la sonrisa.

Por otro lado, el retrato es lo más usado. Se posa para la foto, se piden ángulos y no son fotos casuales en realidad, sino que se crea un escenario en que algunas de ellas lo parezcan. En este sentido es la revista Ya la que parece tener mayor sentido de lo “casual” en sus páginas. Más fotos de perfil, con personas en conversación o incluso movimiento, pero siempre lo tradicional, congelados.

Ambas carecen de un juego con la cámara, más que fotografías con expresión propias, son inmortalizaciones artificiales de una felicidad programada para el evento. No hay variabilidad de ángulos, ni tampoco en las profundidades de campo o los colores. Son más bien fotografías de estudio hechas y retocadas especialmente para que las personas se vean bien, sanas, perfectas.



No siempre las personas son perfectas o están perfectas. La fotografía debe mostrar más bien lo que pasa con esa persona y no lo que se presiona para que se sienta. Mostrar quiénes son en su cotidianeidad es lo que falta, no en su llanto ni en su fealdad, pero si en sus movimientos naturales, en poses cualquiera que nos hablen sobre su esencia.
Ambas carecen de eso, las fotos son lindas, enfocadas y felices, pero ¿cuán reales?, ¿cuánto dicen realmente?

Entrevista a Rony Belmar

La primera experiencia de Rony con una cámara mecánica fue alrededor de los seis años,

- Tenía cerca de cinco o seis años cuando mi padre comenzó a enseñarme el funcionamiento de una cámara mecánica de 35 mm. De ahí en adelante siempre tomé fotografías en distintos momentos familiares.

Actualmente es parte del equipo de fotógrafos de revista COSAS.

*¿En qué consiste tu trabajo?

- Específicamente debo graficar todo lo que se me encarga a través de los distintos requerimientos de los periodistas (retratos, moda, exteriores, paisajes, arquitectura, decoración, reportajes, etc.)

*¿Cuál crees que es el rol que tiene la fotografía actualmente en la generación de estereotipos?

- Creo que en algunos ámbitos es posible que la fotografía ayude a consolidar ciertos estereotipos, especialmente en el área de moda y publicidad. Como por ejemplo “el niñito rubio o la chica sexy y feliz”. Sin embargo en otras áreas, claramente la fotografía es solo un testigo de la realidad y no busca imponer un paradigma, sino mas bien develar o hacer público lo que existe, ya sea un retrato o un reportaje a una zona devastada

* ¿Sientes que hay en la fotografía una obligación implícita a tener que dejar un registro alegre o que no demuestre otras emociones?

- Absolutamente no, la fotografía no tiene una misión en la vida, en tanto no es una filosofía, ni un estilo de vida, ni una religión. La fotografía es una herramienta comunicacional, por lo tanto no se le deben asignar valores, ni morales, ni estéticos de ningún tipo. Estos valores los puede tener el autor, no la herramienta. Ciertamente hay imágenes maravillosas en donde no hay jamás un atisbo de sonrisa.

* ¿Cuál crees que es la importancia de la fotografía de vida social?

- Personalmente no creo que tenga mucha importancia, salvo en el ego de los pequeños personajes que asisten a los eventos sociales, pero al tener tan poca gravitación en el resto de la sociedad, en definitiva no tiene ninguna importancia.

* ¿A qué personaje te ha costado más fotografiar?

- Al General Pinochet, por su cerrado círculo de seguridad, solo lo pude retratar muerto y en su ataúd. En el mundo de los vivos, alguna vez me puse muy nervioso frente a una mujer de televisión de desbordante belleza. En la actualidad, creo que el presidente Sebastián Piñera es una de las personas más difíciles de retratar, debido a su gran cantidad de tics, a su falta de cordialidad con los que están a su alrededor (rara vez saluda) y a su ritmo frenético. Siempre está apurado y cuándo uno ha disparado la cámara dos o tres veces dice: “¿Estamos listos?”, acto seguido se para y se va….

* ¿Cuáles son fotógrafos favoritos?

- Los clásicos de Europa, Henri Cartier-Breson, Robert Doisneau, me gusta de ellos su romanticismo y sencillez. No me gustan las cosas tan pretenciosas como David Lachapelle…

* ¿Cuál es la foto que has sacado que más te guste?

- La foto que titulé “Lo humano en lo urbano” es una de mis favoritas. Me gusta ese insinuar de la presencia humana en el mobiliario urbano, es como una presencia no presente.

jueves, 24 de junio de 2010

Comercio de Sonrisas

A penas suena el ruido del flash en cualquier reunión, ya sea familiar, de amigos o empresarial, miles de sonrisas aparecen cómo arte de magia en las caras de los fotografiados. El acto, que ya se ha vuelto casi reflejo, de sonreír a la cámara para dejar un registro, no es sólo un gran esfuerzo por dejar una buena imagen de alegría o de felicidad. Este acto, a medida que pasa el tiempo, se ha vuelto una costumbre con connotaciones culturales y sociales, volviéndose automático en el público asiduo al uso de cámaras fotográficas domésticas. Sin embargo, es inevitable cuestionarse la razón para uniformar los gestos que salen en casi la totalidad de las fotos y cómo ha sido el proceso para llegar a esto.



Por supuesto, los medios de comunicación no podían estar ajenos a este proceso, donde en parte, han contribuido a la generación de este estigma por medio de la publicidad, en donde es prácticamente imposible encontrar una cara triste o desaliñada (a menos que sea en esos comerciales que compraran el antes y después del uso de un producto). Millones de mujeres felices aparecen en comerciales lavando baños o corriendo kilómetros sin siquiera despeinarse que, van construyendo lentamente ideas poco reales de cómo debiera ser la vida y cómo debiera vivirse.



Familias enteras con la dicha de estar juntas, una dicha que no se encuentra en reuniones familiares donde todos terminan peleados con todos.

La relación entre la satisfacción y alegría relacionada con un producto ha sido inteligentemente usada por los publicistas, quienes no pierden la oportunidad de asociar estereotipos con emociones y a su vez, con un posible consumidor , quien aparte de comprar debe obtener y sentir lo que el comercial promete.

Sin embargo, este paradigma que ha instalado en la publicidad ya no es un fiel reflejo en la realidad. La aparición de tribus urbanas en las últimos años ha hecho que aparezca la moda de fotografiarse con una actitud pensativa o lisa y llanamente triste. Miles de adolescentes utilizan sus camaras personales y suben sus fotos a sus propias páginas web como fotolog o facebook, esperando el reconocimiento de sus pares por medio de saludos.

A pesar de los estereotipos la fotografía ha sabido ganarse un nuevo lugar dentro de su uso doméstico, lo cual habla sobre el avance de la percepción que se ha tenido de ella como un arte.