En la primera exposición que se realiza en Museo de Bellas Artes podemos hacer un recorrido de la historia por medio de diferentes imágenes; la exposición se divide en las diferentes etapas que vivió chile desde los pueblos originarios hasta la actualidad.
En términos expositivos, la muestra es más una recopilación de diversas imágenes que hablan de Chile y su contexto; en estos términos podemos no solamente conocer la historia de un país, sino también ver la evolución en la función que ha llegado a tener la fotografía hoy. Pero ¿fue una buena utilización de recursos?
Toda la exposición parece más bien fotos sacadas de un libro de historia, de una enciclopedia y es muy poco lo que puede decir de la identidad de un país, podríamos tildarlo de fotografía de catálogo mala.
En lo que compone la primera parte, de Paisajes y Pueblos Originarios, notamos una fotografía paisajista y objetiva. No parece existir una diferencia sustancial entre un autor y otro y los retratos son lo más común.
Las imágenes nos invaden de un Chile en constante progreso, fotos de trabajadores, industrias, la espectacular minería, etc. Por otro lado nos da una pincelada acerca de eventos históricos que se vivieron en las diferentes etapas, todo en imágenes ordenadas cronológicamente, dando evidencia de terremotos, elecciones presidenciales, personajes importantes, vida social y cultural de Chile en todos sus tiempos.

Aunqye hay excepciones, como ésta fotografía, la mayoría de ellas al verlas no contienen ninguna de las emosiones detrás de los eventos, es solo foto y foto y foto y foto y además con o sin foto podríamos saberlo "Terremoto de tal y tal", no existe una buena utilización de los elementos en esta exposición, las tomas son simples aunque de todas formas en el fotógrafo existió una intención. Pero la manera de montarlas es fome y banal. Como se dijo antes, ni que fuera una enciclopedia.
Esta exposición es muy diferente a la que propone Juan Downey, en el edificio de Telefónica el artista nos sorprende con su diversidad de contenido en una sola obra empeñada en definirse como integración. No sólo es la integración de las artes (audiovisuales, visuales, arquitectónicas, otras) con el mundo y la sociedad, sino también una mirada antropológica de todo lo que ello implica.

Nada que ver con una redundante recopilación histórica de fotografías históricas, sino que Downey nos hace una muestra de la esencia del artista, con un mensaje, con algo que decir. Una mirada propia y diferente, tanto así que da la impresión de un ser inadaptado, disperso y muy creativo.
No obstante en ambas exposiciones se valora de manera importante la trascendencia de la imagen en la sociedad. Ya sea como un registro de la cultura, en diversas etapas de la historia de un país, o también como una herramienta publicitaria o de propaganda política. Es la imagen entonces un modo irrefutable que sirve para “hablar” de una sociedad.

Para Downey, por otro lado, la imagen es importante porque cumple la función comunicacional, lo trascendental aquí es justamente aquello, enseñar a las personas en dónde viven, a qué se enfrentan y cómo son los que viven a su alrededor.
La muestra que vemos en el museo se muestra pobre y desilucionante en comparación con la propuesta por Juan Downey que es dinámica, diferente y audaz.








